Reseña 1: Capítulos 1 y 2
Carolina Correa Daza
Martes 18 de Febrero de 2013
En el primer
capítulo del libro “¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes?” de
Nicolas Carr, se habla sobre la web y todo lo que sucede alrededor de ella
cuando ésta puede empezar a controlar nuestras vidas al debilitar la capacidad
de concentración (ansiedad por querer estar siempre en indagando en ella). El
autor hace mención a una “ansiedad” que hoy conocemos como “exceso de
información” y esto quiere decir que hoy en día es inútil “sentarse a leer un
libro de cabo a rabo”, ya que hay mucha información y no se hace un buen uso
del tiempo. No obstante, el autor también dice que en su tiempo libre buscaba
información en la biblioteca y allí pasaba gran parte de su tiempo averiguando
sobre algunos temas de interés personal.
Es evidente
que existe una relación estrecha entre el hombre y la computadora, puesto que
se dispensa bastante dinero en la compra de nuevos aparatos electrónicos que
son funcionales en la vida diaria. El autor relata su primera experiencia con
una computadora “Mac Plus”, que en la época costaba alrededor de unos 2.000 US,
y la cual ejercía una influencia sobre la persona que la utilizaba con
frecuencia aún si la web todavía era lenta para funciones como: leer un libro
online o imprimirlo. Desde ese punto de vista, el autor empieza a tener otra
perspectiva acerca de lo que es internet en la vida de una persona, pues nos
cuenta que él estaba convirtiéndose en algo parecido a una máquina de procesamiento
de datos de alta velocidad. En el presente, nos cuenta, se pueden encontrar
diversas máquinas con características como la capacidad del disco, la memoria
RAM, diferentes programas, etc., que tienen un precio accesible para todas las
personas. Este proceso se dice que facilitó a la Globalización.
En el segundo
capítulo de este libro, se habla sobre el descubrimiento de la
“Neuroplasticidad” y su importante efecto en el cerebro de las personas. El
autor empieza hablando de que los científicos habían descubierto la existencia
de células nerviosas específicas del cerebro, las cuales son a la vez iguales y
diferentes respecto de las demás células del cuerpo humano. El autor relata
cómo se llegó al descubrimiento de la neuroplasticidad, al decir que en 1879,
un estudiante de medicina analizaba los sistemas nerviosos de diferentes
crustáceos y después de varias disecciones, concluyó con que existía un tipo
específico de células que conformaban al cerebro; éstas eran llamadas neuronas.
Posteriormente, se descubrió que estas neuronas tienen formas diferentes y
varían en longitud. Éstas están conformadas por un axón y varias dendritas que
provocan lo que pensamos, sentimos y lo que somos.
En este
capítulo “Los caminos vitales”, se habla básicamente del funcionamiento del
cerebro en los humanos y algunos psicólogos estadounidenses se hacen partícipes
de estas opiniones al hablar de la adaptabilidad del cerebro: “El tejido
nervioso parece dotado de un extraordinario grado de plasticidad”.
Esto quiere
decir que el órgano del pensamiento es flexible y moldeable. El autor nos
ejemplifica esto al tomar en cuenta el caso de un joven que, luego de haber
perdido su brazo, se le pide que cierre sus ojos para tocarle un punto
específico de su cara. Después de varios intentos, le preguntan cuál ha sido la
parte de su cuerpo que le han tocado, a lo que responde sin dudarlo que es su
brazo. A través de este experimento, se puede comprobar que las neuronas pueden
tomar mucho tiempo para mejorar algunas habilidades que se han perdido al haber
destruido caminos. Sin embargo, la plasticidad y la neuroplasticidad del
cerebro, incluyen todos nuestros circuitos neuronales como el sentido, el oído,
la vista, el tacto, el pensamiento, el aprendizaje, la percepción, el
movimiento, entre muchos otros factores de nuestro cuerpo. Esto hace que cada
uno de ellos esté siempre en constante cambio y por esta razón, puede que la
plasticidad disminuya en algún momento de la vida (la vejez), pero nunca va a
desaparecer.
Los enlaces
sinápticos pueden disminuir cuando tenemos respuesta a nuestras experiencias
(cambios fisiológicos) o incrementarse cuando se liberan concentraciones
(cambios anatómicos).
El autor
habla de la relación y el complemento directo entre el racionalismo y el
empirismo, ya que estas dos filosofías en conflicto están estrechamente
relacionadas si analizamos las conductas de nuestro cerebro: “todo lo que
aprendemos, va dándose a través de la experiencia” y “cada persona nace con una
plantilla mental incorporada que se va complementando a medida del paso del
tiempo”. (Carr) Estos dos
puntos de vista se complementan entre sí, puesto que nuestras neuronas forman
conexiones sinápticas con otras. De esta forma, la neuroplasticidad, que
siempre está en acción, podría ser definida como “las neuronas cuyas sinapsis
siempre están unidas”, mientras que la plasticidad, es el estado normal del
sistema nervioso durante el curso de nuestra vida.
Es esencial repetir acciones, ya sean
físicas o mentales, ya que los circuitos del cerebro se fortalecen mediante la
constante reiteración de una actividad física o mental. Esto puede convertirse
en una hábito, que vendría siendo indispensable para nuestros cerebros.
Nuestros pensamientos pueden ejercer una influencia física en los cerebros. Es
por esto que se dice que “acabamos siendo lo que pensamos que somos”.
En mi punto de vista, comparto lo que
dice el autor: sí es necesario insistir y repetir nuestras acciones, ya que
realizando esto, la mente siempre va a estar “ocupada” y así seguirán creándose
circuitos neuronales que se fortalecerán mediante dichas repeticiones. Pienso
también que es bueno estar rodeados de una cantidad de información moderada,
porque así llenaremos nuestras mentes de aprendizaje, pero no se podría
exagerar, ya que el exceso de información, lo único que hace es que se busque
sobre un tema determinado, pero no se especifique profundizando sobre una
fuente determinada.
Para concluir, se puede inferir que la
neuroplasticidad siempre estará en acción y en constante cambio, adaptándose a
las necesidades que tenga el cerebro y que éste no es una “máquina de antaño”
como lo que se pensaba antiguamente.