lunes, 25 de febrero de 2013

Reseña 1.

Reseña 1: Capítulos 1 y 2
Carolina Correa Daza
Martes 18 de Febrero de 2013


En el primer capítulo del libro “¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes?” de Nicolas Carr, se habla sobre la web y todo lo que sucede alrededor de ella cuando ésta puede empezar a controlar nuestras vidas al debilitar la capacidad de concentración (ansiedad por querer estar siempre en indagando en ella). El autor hace mención a una “ansiedad” que hoy conocemos como “exceso de información” y esto quiere decir que hoy en día es inútil “sentarse a leer un libro de cabo a rabo”, ya que hay mucha información y no se hace un buen uso del tiempo. No obstante, el autor también dice que en su tiempo libre buscaba información en la biblioteca y allí pasaba gran parte de su tiempo averiguando sobre algunos temas de interés personal.

Es evidente que existe una relación estrecha entre el hombre y la computadora, puesto que se dispensa bastante dinero en la compra de nuevos aparatos electrónicos que son funcionales en la vida diaria. El autor relata su primera experiencia con una computadora “Mac Plus”, que en la época costaba alrededor de unos 2.000 US, y la cual ejercía una influencia sobre la persona que la utilizaba con frecuencia aún si la web todavía era lenta para funciones como: leer un libro online o imprimirlo. Desde ese punto de vista, el autor empieza a tener otra perspectiva acerca de lo que es internet en la vida de una persona, pues nos cuenta que él estaba convirtiéndose en algo parecido a una máquina de procesamiento de datos de alta velocidad. En el presente, nos cuenta, se pueden encontrar diversas máquinas con características como la capacidad del disco, la memoria RAM, diferentes programas, etc., que tienen un precio accesible para todas las personas. Este proceso se dice que facilitó a la Globalización.

En el segundo capítulo de este libro, se habla sobre el descubrimiento de la “Neuroplasticidad” y su importante efecto en el cerebro de las personas. El autor empieza hablando de que los científicos habían descubierto la existencia de células nerviosas específicas del cerebro, las cuales son a la vez iguales y diferentes respecto de las demás células del cuerpo humano. El autor relata cómo se llegó al descubrimiento de la neuroplasticidad, al decir que en 1879, un estudiante de medicina analizaba los sistemas nerviosos de diferentes crustáceos y después de varias disecciones, concluyó con que existía un tipo específico de células que conformaban al cerebro; éstas eran llamadas neuronas. Posteriormente, se descubrió que estas neuronas tienen formas diferentes y varían en longitud. Éstas están conformadas por un axón y varias dendritas que provocan lo que pensamos, sentimos y lo que somos.

En este capítulo “Los caminos vitales”, se habla básicamente del funcionamiento del cerebro en los humanos y algunos psicólogos estadounidenses se hacen partícipes de estas opiniones al hablar de la adaptabilidad del cerebro: “El tejido nervioso parece dotado de un extraordinario grado de plasticidad”.
Esto quiere decir que el órgano del pensamiento es flexible y moldeable. El autor nos ejemplifica esto al tomar en cuenta el caso de un joven que, luego de haber perdido su brazo, se le pide que cierre sus ojos para tocarle un punto específico de su cara. Después de varios intentos, le preguntan cuál ha sido la parte de su cuerpo que le han tocado, a lo que responde sin dudarlo que es su brazo. A través de este experimento, se puede comprobar que las neuronas pueden tomar mucho tiempo para mejorar algunas habilidades que se han perdido al haber destruido caminos. Sin embargo, la plasticidad y la neuroplasticidad del cerebro, incluyen todos nuestros circuitos neuronales como el sentido, el oído, la vista, el tacto, el pensamiento, el aprendizaje, la percepción, el movimiento, entre muchos otros factores de nuestro cuerpo. Esto hace que cada uno de ellos esté siempre en constante cambio y por esta razón, puede que la plasticidad disminuya en algún momento de la vida (la vejez), pero nunca va a desaparecer.

Los enlaces sinápticos pueden disminuir cuando tenemos respuesta a nuestras experiencias (cambios fisiológicos) o incrementarse cuando se liberan concentraciones (cambios anatómicos).

El autor habla de la relación y el complemento directo entre el racionalismo y el empirismo, ya que estas dos filosofías en conflicto están estrechamente relacionadas si analizamos las conductas de nuestro cerebro: “todo lo que aprendemos, va dándose a través de la experiencia” y “cada persona nace con una plantilla mental incorporada que se va complementando a medida del paso del tiempo”. (Carr) Estos dos puntos de vista se complementan entre sí, puesto que nuestras neuronas forman conexiones sinápticas con otras. De esta forma, la neuroplasticidad, que siempre está en acción, podría ser definida como “las neuronas cuyas sinapsis siempre están unidas”, mientras que la plasticidad, es el estado normal del sistema nervioso durante el curso de nuestra vida.

Es esencial repetir acciones, ya sean físicas o mentales, ya que los circuitos del cerebro se fortalecen mediante la constante reiteración de una actividad física o mental. Esto puede convertirse en una hábito, que vendría siendo indispensable para nuestros cerebros. Nuestros pensamientos pueden ejercer una influencia física en los cerebros. Es por esto que se dice que “acabamos siendo lo que pensamos que somos”.

En mi punto de vista, comparto lo que dice el autor: sí es necesario insistir y repetir nuestras acciones, ya que realizando esto, la mente siempre va a estar “ocupada” y así seguirán creándose circuitos neuronales que se fortalecerán mediante dichas repeticiones. Pienso también que es bueno estar rodeados de una cantidad de información moderada, porque así llenaremos nuestras mentes de aprendizaje, pero no se podría exagerar, ya que el exceso de información, lo único que hace es que se busque sobre un tema determinado, pero no se especifique profundizando sobre una fuente determinada.  

Para concluir, se puede inferir que la neuroplasticidad siempre estará en acción y en constante cambio, adaptándose a las necesidades que tenga el cerebro y que éste no es una “máquina de antaño” como lo que se pensaba antiguamente. 

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